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Sus ojos nunca han visto la hermosura del cielo, ni la belleza del mar, ni las cientos de ciudades que ha visitado a lo largo de su vida. Tampoco han sido testigos de la belleza física de una mujer.

Pero no hay nadie en el Ecuador, y probablemente en el mundo, que haya compuesto las canciones más hermosas dedicadas al amor, a la naturaleza y a la belleza física y espiritual de la mujer.

Pese a que en una de las letras de sus canciones, Segundo Bautista le dice a Dios que no está conforme con su suerte y que le ha pedido justicia, pero él no ha querido oírle, sin lugar a dudas, Segundo Remigio Bautista Vasco es un ser privilegiado. Ha recorrido prácticamente medio mundo. Se ha parado frente a auditorios repletos y ha recibido cualquier cantidad de homenajes, todos con justicia.

A los cinco años Segundo Bautista comenzó a tocar el piano, a los siete ya era pianista oficial de la Escuela de Ciegos donde estudiaba, a los 11 años tocaba a la perfección la guitarra y a los 15 años egresó del colegio con las mejores calificaciones y orgulloso de saber tocar el requinto, el acordeón, el bandolín y el bajo.

Sobre sus comienzos, Segundo Bautista dice que en el año de 1948 comenzó como pianista de Radio Comercial, después pasó a radio Ecuador Amazónico y posteriormente a emisoras Gran Colombia, en donde llegó a ser el pianista oficial.

Por su calidad fue llamado a formar parte del conjunto Los Barreiros. Por su espíritu aventurero se vio obligado a salir de Quito con dirección a la ciudad de Ambato.

Allí formó parte del trío Luz de América que más tarde se convirtió en el trío Los Montalvinos, una de las mejores agrupaciones que ha tenido en el Ecuador en toda su historia.

Tomado del diario "La Hora".

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